El agua es un recurso esencial para la vida, los ecosistemas y la sociedad. Sin embargo, su disponibilidad está en constante cambio debido a factores como el crecimiento poblacional, el cambio climático y la sobreexplotación. En regiones donde la irrigación agrícola impulsa el estrés hídrico, las implicaciones ecológicas se extienden más allá de los límites de las cuencas, afectando la sostenibilidad del recurso (Keys et al., 2019).

El almacenamiento de agua, que incluye fuentes subterráneas, superficiales y la humedad del suelo, es clave para mitigar los efectos de la escasez (Taylor et al., 2013). Sin embargo, su reducción sostenida puede generar conflictos sociales, afectando la equidad en el acceso al agua y aumentando la competencia entre sectores domésticos, industriales y agrícolas (Perrone, 2020). Se ha identificado que en el 42 % de las cuencas del planeta con estrés hídrico también hay una tendencia de reducción en el almacenamiento de agua, lo que agrava los retos hídricos globales (Huggins et al., 2022).

En 2023, México enfrentó sequías importantes, y a nivel mundial la situación es aún más crítica, con previsiones de escasez de agua en 33 países se estima que  para 2050, el estrés hídrico afectará a un 31% de la población mundial especialmente en regiones como el sur de Europa y América Latina (World Resources Institute, 2024) impactando en más del 80 % de las tierras cultivadas.

Para combatirlo existen soluciones efectivas como la selección de variedades resistentes, prácticas agronómicas adecuadas, monitoreo del riego con sondas, herramientas de asistencia para una buena toma de decisiones y el uso de bioestimulantes.

Los bioestimulantes a base de aminoácidos y algas marinas se usan cada vez más en la remediación del estrés hídrico. Los aminoácidos, compuestos orgánicos esenciales en la formación de proteínas, estimulan el crecimiento, aumentan la resistencia a condiciones adversas y mejoran la calidad de los cultivos. Por su parte, las algas marinas aportan nutrientes, hormonas vegetales y compuestos bioactivos que favorecen el desarrollo radicular y la actividad microbiana en el suelo, además de aumentar la tolerancia al estrés.

La combinación de estas estrategias puede mejorar la resiliencia agrícola ante la sequía, integrando el conocimiento científico en la toma de decisiones, asegurando que el agua no solo sea un motor de desarrollo económico, sino también un pilar para el bienestar social y ambiental.

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Fuentes:
Artículos: Adrián Pedroza publicado por la Secretaría del Medio Ambiente (2022) y de María Florencia Melo de statista.com (2024) y weenat.com (2023)

Fotografías: Conviviendo con la Naturaleza (CCN) y Freepik

Gráfico: Statista.com

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